The New York Times, uno de los diarios más famosos en Estados Unidos de América, publicó en sus ediciones de los días 12 y 13 de julio de 1998, extensos artículos basados en la entrevista realizada al terrorista de origen cubano Luis Posada Carriles sobre sus acciones, aventuras y relaciones con personas e instituciones muy reconocidas de los Estados Unidos. Estas entrevistas conmovieron al pueblo norteamericano e indignaron a la opinión pública mundial.
Las verdades expresadas por el gobierno cubano y por los familiares de Fabio Di Celmo, tantas veces desmentidas por el gobierno de Estados Unidos y la gran prensa a su servicio, se han ido abriendo paso ante los ojos asombrados del pueblo norteamericano.
En el primero de esos artículos The New York Times, dio a conocer que:
Un exiliado cubano que ha llevado a cabo una campaña de estallidos de bombas e intentos de asesinatos dirigidos contra Fidel Castro dice que sus esfuerzos fueron respaldados financieramente durante más de un decenio por los líderes cubano-estadounidenses de uno de los grupos de cabildeos más influyentes de los Estados Unidos.
El exiliado, Luis Posada Carriles dijo haber organizado una ola de estallido de bombas el año pasado en hoteles, restaurantes y discotecas de Cuba que ocasionaron la muerte de un turista italiano y la alarma del gobierno cubano. El señor Posada fue entrenado por la Agencia Central de Inteligencia en demolición y guerra de guerrillas en el decenio de 1960.
En una serie de entrevistas grabadas en un complejo amurallado del Caribe, Posada expresó que la colocación de bombas en los hoteles y otras operaciones había sido apoyada por líderes de la Fundación Nacional Cubano Americana. Su fundador y jefe, Jorge Mas Canosa, quien murió el año pasado, fue acogido en la Casa Blanca por los presidentes Reagan, Bush y Clinton.
Continuaba diciendo la reconocida publicación norteamericana:
Posada manifestó que los líderes de la Fundación discretamente financiaban sus operaciones. Mas Canosa personalmente supervisaba el flujo de dinero y el apoyo logístico, dijo.
Poderosa fuerza tanto en las elecciones de la Florida como en las nacionales y renombrado donante de las campañas, Mas Canosa desempeñó un papel decisivo en persuadir a Clinton de que cambiara su manera de pensar y siguiera el derrotero de imponer sanciones y aislar a la Cuba de Castro.
"Jorge lo controlaba todo" expresó Posada. "Cuando yo necesitaba dinero, yo decía: dame cinco mil dólares, dame 10 mil, dame 15 mil, y ellos me los mandaban".
A través de los años, Posada calculó que Mas Canosa le había enviado más de 200 mil dólares. "El nunca dijo: esto es de la Fundación", recordó Posada. Por el contrario, recordó con una risita sarcástica, el dinero llegaba con el mensaje: "Esto es para la iglesia".
Fueron exiliados cubanos como Posada los que fueron reclutados por la CIA para los subsiguientes atentados contra la vida de Castro.
Encarcelado por uno de los más vergonzosos ataques anticubanos - la colocación de una bomba en un avión civil de Cubana en 1976 - escapó más tarde de una cárcel venezolana para integrar el eje de una cruzada anticomunista de la Casa Blanca en el hemisferio occidental iniciada por Reagan: las actividades clandestinas del teniente coronel Oliver North para suministrar armas a los contra de Nicaragua.
Parte de lo que dijo de su pasado, puede verificarse mediante documentos del gobierno recientemente desclasificados, así como mediante entrevistas con exmiembros de la Fundación y funcionarios de los Estados Unidos.
Las autoridades estadounidenses, encargadas de hacer cumplir la ley, mantuvieron una actitud de propicio abandono respecto de Posada durante la mayor parte de su carrera, permitiéndole que siguiera libre y en actividad.
La Fundación de los exiliados, creada en 1981, ha tratado de presentarse como la voz responsable de la comunidad de exiliados cubanos, dedicada a debilitar el régimen de Castro mediante la política y no la fuerza.