Fabio comenzó las prácticas de fútbol a la edad de siete años y sus pasatiempos infantiles siempre estuvieron relacionados con este deporte. Jugó por vez primera en el equipo Asociación Calcio de la ciudad de Génova. Este era un equipo de la liga nacional, aquí jugó desde los siete hasta los once años ganando muchos trofeos juveniles. A partir de los once años Fabio pasa a un nuevo equipo de la liga no profesional.
A pesar de que Fabio se proyectaba como un jugador destacado, demostrando gran talento para este deporte, él no quería convertirse en profesional. Le gustaba el fútbol para disfrutarlo, para divertirse y no para sentirse presionado por las exigencias que requiere un equipo profesional. Rechazaba las injusticias y agonías que tienen sufren estos jugadores y le molestaba la manera en que muchos de ellos juegan a matarse con tal de ganar. “Eso es contrario a la dignidad humana”, decía él enfáticamente.
Fabio jugó en el Libertas y en otros equipos de la ciudad de Génova, hasta que pasó a formar parte del Sciarborasca, perteneciente a la también genovesa municipalidad de Cogoleto.
Giustino recuerda con natural satisfacción:
Cuando Fabio tomaba el balón en medio del campo no había nadie que se lo quitara, así que se presentaba solo delante del arquero, listo para hacer el gol. Sin embargo, su sensibilidad era tanta que, para no humillar al arquero, prefería pasar el balón a otro compañero y que fuera este quien hiciese el gol.